La incorporación de tecnologías de la información en los procesos productivos se va convirtiendo cada vez más en una necesidad, facilitando los procesos y llevando a cabo actividades que antes eran difíciles de realizar.

 

En México se desarrollan estrategias para hacer frente a los retos de la digitalización, ya que aunque existe una economía integrada y bajos costos de mano de obra, se requiere desarrollar la infraestructura digital para seguir siendo competitivo en los próximos años.

La digitalización impulsa rápidamente las capacidades de los sectores empresariales, permitiéndoles ser más competitivos al disponer de herramientas que añadan valor agregado a sus productos y reduciendo sus costos, creando un ambiente más propicio para su desarrollo; así lo afirma un estudio de Roland Berger publicado en 2016, “el aprovechamiento de las palancas digitales permite reducir la base de costes en un total del 10% al 20%, impactando drásticamente en todas las funciones operativas: producción, logística, inventario, calidad y mantenimiento.”

 

 

Los beneficios de la transformación digital no se reducen al impacto en resultados operativos sino que van más allá y permiten reforzar la cohesión social, el bienestar y la satisfacción en el trabajo.

La industria 4.0 implica que las fábricas evolucionen a una era de cambio y aún existe resistencia por mantener su manera tradicional de operar; siendo un reto la capacidad de adaptación y aprendizaje, así como la creación de nuevos puestos y capacitación de personal que ayuden a implementar de manera adecuada dichos sistemas.

No se puede asegurar el éxito o fracaso de su implementación, sin embargo, es un proceso imprescindible que deben adoptar las empresas para reinventarse y mantenerse vigente y no desaparecer en un corto plazo y si lo logran se multiplicarán las posibilidades de negocio en sus sectores.